22.6.10
Viaje Mental
Cada tanto la ciudad agobia. Sobredosis de grises: cemento, humo de colectivos, rostros, paredes, (mal)humores, incluso el tiempo...
Hay que buscar el color, tratar de pensar en los momentos en que nos conectamos con aquello que nos remite a nuestra esencia: la tierra. Sin tierra, no hay vida. No fuimos, no somos ni seremos.
Contemplar lo infinito del mar, lo inmenso de la montaña, nos hace humildes, pequeños, ínfimos. Respiramos otro aire, circula por todo nuestro cuerpo. Una gran bocanada de pureza que se mete y visita (con paz, mucha paz) a nuestras células.
¡Qué lindo!¡Qué lindo!
Así, atesoramos estos instantes en nuestra mente, recordando que en algún momento de nuestras vidas no fuimos nada y fuimos todo.
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